
Siempre hay una primera toma de contacto con el vino. Es en esta fase donde nos demostrará cuándo, dónde y cómo ha sido su trayectoria hasta salir de la botella.
Como en todo lo que tenemos alrededor que nos causa sensación o fijación, la vista es nuestro primer factor dominante a la hora de determinar o hablar de un vino.
En la fase visual, se diferencian los vinos por el color, nos permite diferenciar blancos, rosados y tintos. Los colores del vino se encuentran en el hollejo: antocianos de color rojo y flavonas de color amarillo.

Además, influirá lo fluido que sea, si es limpio, brillante o si tiene efervescencia, llamado también, carbónico de un vino.
El vino tiene en los bordes, llamados ribetes, una gama de colores que según va pasando el tiempo en la botella va evolucionando, quitando brillantez. En los jóvenes serán violáceos y granates, y en los crianzas y reservas se irán convirtiendo en colores tejas o ladrillos anaranjados.
Para poder apreciar el color de un vino y los ribetes basta con poner un fondo blanco como una servilleta y una buena luz blanca encima.
Las clases de uvas son también un factor a tener en cuenta debido a que no todas tienen las mismas características de tonos en el color de su hollejo.
En esta prueba bajo la servilleta blanca, veremos también la intensidad de color que tiene el vino.
Hablaremos de la capa de color que tiene un vino cuando la transparencia del vino permite ver el fondo blanco con mayor o menor facilidad. Si es de capa baja o poca intensidad de color o ligero, se transparentará la servilleta. Si es de capa media apenas se transparentará. Y si es de capa alta, no se verá dentro de la copa el blanco de la servilleta blanca.












